
Los que me leen regularmente sabran de qué estoy hablando. Para los demás, dirigirse prestamente a ciertos artículos que escribí aquí y aquí, leer y regresar. Ya ta? Bueno, arranco…
Ayer me dirigí con muuuucha buena voluntad al gimnasio. Normalmente no voy los martes, y caí en una clase de spinning con una profesora que no conocía. El personaje en cuestión comenzó a relatarle a una de las chicas (mirandome a mí tambien) como esa mañana no había podido abrir el frasco de mermelada y había tenido que salir a buscar al portero para que se lo abriera. No contenta con eso, agregó: “a veces extraño a mi ex-novio para estas cosas”.
Se me hizo agua a la boca. Justamente a mí me pasan estas cosas? Hace falta tener que escuchar semejantes idioteces? Cómo se hace para no contestar una barbaridad?
Respiré hondo y con mi mejor tono politico le expliqué las bondades de la punta del cuchillo sobre la ranura de vidrio para permitir la entrada del aire y la alternativa de poner el frasco bajo el agua caliente, boca abajo. Y le pedí… encarecidamente… que deje de pedir ayuda al portero para esas cosas (a menos que te lo quieras garchar y/o quieras seguir dejando mal parado al género femenino) y que deje de pensar que extraña al ex-novio por razones tan irrelevantes.
Me miró. No supo si reirse o decirme gracias con seriedad. No le quedó muy claro si yo la estaba insultando o realmente la estaba aconsejando. Una pena, quizá no fui tan política después de todo, aunque sonaba bien en mi mente en ese momento….